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viernes, 23 de diciembre de 2011

Primeras despedidas

Diciembre tiene algo que sólo tiene diciembre: la Navidad. Por desgracia, en el calendario Erasmus de Maastricht, Navidad también significa despedidas. Algunas de ellas son temporales, hasta la vuelta de las vaciones, otras no.

Tras varias cenas, algunos días de fiesta y muchos "últimos momentos", van llegando poco a poco las despedidas finales junto al taxi. Ayer por la noche se sucedieron en masa. 

En esta semana, los primeros en irse fueron Anna y Antonio junto a Matteo. Diría que tuvieron suerte en ser los primeros, pues al despedirse de todos en grupo no han tenido la amargura de ver cómo se va quedando vacía la residencia poco a poco, habitación a habitación. Ayer por la noche, en cambio, me despedí de Clara, Marco, Marie y Meera. Esta mañana ha sido el turno de decir adiós a Arminda, Federico, Chris y Lorenzo. Todos ellos han terminado ya su estancia Erasmus, aunque algunos planean volver para Carnavales en febrero, cuando ya me habré ido.

Fotos:
Desde la derecha, Lorenzo, Tony, Clara, Berta y yo.

Lorenzo y yo.

Clara y yo, con Íñigo al lado.

Desde la derecha, Stratos, Tony, Marco, Arminda, Clara, Aver, Federico y yo.

Arminda, Federico y yo.

Gauthier, Federico y yo.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cena final

 Llega diciembre... y para no pocos significa el fin de su periodo Erasmus. A mí y a dos compañeros más nos queda hasta febrero, pero tampoco es mucho más tiempo. Hoy, Lilia se ha ido a Italia a pasar las Navidades, pero ella es la única italiana que estará todo el año en Maastricht; el resto se va en unos días. 

Arminda, Lorenzo, Matteo, Federico, Anna, Antonio y Clara se van porque finalizan su Erasmus, aunque más de uno vovlerá en febrero por los Carnavales -yo no sé, quizás no-. De los siete, los primeros seis son italianos y la última española.

Como se acercan los exámenes y el viernes que viene  nadie tendrá tiempo para hacer la cena, quedamos el viernes anterior y la anécdota de la noche fueron las banderas de Lorenzo y Matteo, que fueron firmadas por todos los comensales y compañeros de aventuras. Yo tengo pendiente comprarme una y que me la firmen antes de que se vayan, si el tiempo mejora y me lo permite. Además, la pasta que trajo Matteo se acabó en unos pocos minutos mientras que aún quedaban otros platos que habían llegado antes. El "cuoco della residenza" tiene merecida fama de hábil en la cocina y lo demostró una vez más. La bandera de Lorenzo pasó inadvertida en cuanto a la nacionalidad, pues... no fuimos pocos los que le preguntamos de dónde era. Claro, pensábamos en alguna región italiana, pero no. Aunque pareciera una bandera francesa desproporcionada, era la de los Países Bajos.

Me hice algunas fotos para el recuerdo, que guardaré con mucho cariño.

Fotos:
Lorenzo y yo con su gran bandera holandesa.

Los "italianos". Desde la izquierda: Lorenzo, Antonio, Federico, Daniel y Matteo.

Matteo, il cuoco, y yo con su pequeña banderita holandesa llena de firmas.

martes, 6 de diciembre de 2011

Fiesta final del ESN


Aunque nos maten a trabajos, siempre se agradece salir con los compañeros a bailar un poco, beber algo de cerveza y dejar los estudios en casa. Este lunes ha sido la fiesta final de la asociación ESN (Red de Estudiantes Erasmus) y hemos acudido, no sin contratiempos.

Por la mañana, tras un fin de semana de intenso trabajo, tenía que entregar las carillas impresas de mis respuestas a un examen de llevar a casa. Suena a pitorreo, pero precisamente son los más temibles, porque sus respuestas son más difíciles de hallar. En este caso, tenía que leerme varias sentencias de la Corte Europea de Derechos humanos por cada pregunta... y esas sentencias no tiene dos carillas precisamente. 

Superado el bache, fuimos por la tarde a ver el centro, pero no había navideño tal y como le habían dicho a Anna y Antonio. Con el chasco, nos volvimos a casa y yo me eché una plácida siesta, con la mala suerte de despertarme a las 22:30 mientras que todos habían quedado una hora antes... pero cuando ya estaba resignado llamaron a la puerta y Marina y Arminda me dijeron que me esperaban si me vestía rápido. En 10 minutos listo y saliendo, aunque lo de ir ya tarde era solo el principio. Primero esperamos unos minutos más a Íñigo, que se había metido en la ducha, y nos faltaban bicis, así que fuimos compartiendo. Sin embargo, cuando llevábamos medio kilómetro Íñigo se dio cuenta de que había dejado su ticket en casa y volvió con Elvira a cogerlo. Él iría en taxi a la fiesta, así que, como Liher y Lilia habían ido por delante, Arminda, Marina y yo nos pusimos de nuevo en camino. 

Todo iba bien, sin mayor incidente que llegar algo tarde, hasta que la pobre Arminda se pegó un choque de aúpa contra un coche. La bici le falló y terminó en el suelo tras el golpe frontal. Menos mal que el coche estaba aparcado, aunque el susto fue considerable y ha estado un par de días amoratada. La bici quedó un poco para el arrastre, pues la rueda delantera se metió debajo del cuadro y tuvimos que medio sacarla de ahí a patada para que, al menos, andara. Tras recuperarse unos instantes, llaman a Marina y resulta que ella tiene los tickets de Liher y Lilia, así que nos están esperando en la puerta. Yo cogí la bici de Arminda, ella la de Marina y Marina la mía. Llegamos en cuanto pudimos al local y aaparcamos las bicis. 

Una vez dentro, resulta que había que pagar con fichas que se compraban en la barra... vuelta a la puerta con el frío de la entrada. Jugué un futbolín con los italianos, de un lado Anna y yo y del otro Matteo y Fede. Ganamos los primeros, pero yo perdí mi cerveza en manos de algún desaprensivo ladronzuelo que me pilló desprevenido. El resto de la noche transcurrió más tranquila, apacible y sin percances, aunque nos metidos en un salón del local a descansar (estaba abierto y tenía sofás) y cuando nos queremos dar cuenta estábamos rodeados de tres parejas dándose el lote. Una de ellas era especialmente apasionada y se llevó miradas.... fotos y vídeos. De hecho, unos minutos quince-veinte minutos más tarde un valiente se aproximó al sofá contiguo, posó y se echó la foto con ellos al lado. La chica se percató y salió del salón a paso ligero y cabeza agachada mientras recibían aplausos de unas veinte personas, entre ellas un vigilante de seguridad.

A la hora de irnos, la cola y los empujones para coger los chaquetones estuvieron a la orden del día. Escuché a un chico delante mía proferir insultos en italiano y le respondí en la misma lengua. Él me respondió preguntando cada palabra y me sentí algo tonto, pues eran tan sencillas como "polizia". A los minutos, cuando después del inglés cambiamos al español se delató en seguida. Era colombiano y sabía un pelín de italiano, por eso dubitaba, pensando que yo era italianoparlante. Si a mí me costó averiguar de dónde era hasta que habló español, a él ni incluso con eso, aunque le revelé mi origen andaluz. 

De vuelta a casa íbamos unas veinte personas en bici, que poco a poco nos fuimos separando. Yo iba a la cabeza con Lorenzo y nos encontramos con una compañera suya de Portugal, con la que terminé hablando. Cuando nos fuimos a dar cuenta porque íbamos a coger caminos separados y paramos un segundo, ni rastro de los demás. Marta llegaba en seguida y nos decía que había tres o cuatro grupos esperándose unos a los otros... mejor ir a casa ya. En definitiva, una de esas noches para el recuerdo. 

Fotos:
Desde la izquierda, Federico (it), Lorenzo (it), Stratos (gr) y yo.
Al frente y desde la izquierda: Sophie (fr), Lilia (it), Liher (es), Marina (es) una amiga de Marina (gr) y ésta última. Al fondo: Federico (it) y Matteo (it).
Foto en medio de la pista de baile. Desde la izquierda: marina (gr), Liher (es), Krzysiek (pl), Marina (es), yo, Lorenzo (it), Sophie (fr) y Arminda (it).
Las chicas. Desde la izquierda: Liher (es), Lilia (it), Marina (gr), Clara (es), Marina (es), Sophie (fr), Marta (es), Arminda (it), Berta (es), Elvira (es) y una chica que desconozco.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Pasta nocturna

 Esta noche tocaba cena... cena italiana e internacional. Hemos estado Feng, Antonio, Anna, Íñigo y yo comiendo la pasta a la carbonara que he preparado y acompañada de vino dulce andaluz, de Jerez.

Puse música aleatoria en el ordenador, y en una canción italiana Antonio se sorprendió... pero pusimos la oreja y resultó ser la traducción al español. De todos modos, música italiana comiendo pasta italiana con italianos... no desentona, ¿no? 

Me llenó de orgullo -y satisfacción- que Antonio y Anna me felicitasen por la pasta, ya que no dejan de ser italianos y estan acostumbrados a una parta muy bien hecha. Vamos, que es como si un italiano va a España y cocina una buena tortilla, de ahí mi alegría ante sus elogios que tardé en asimilar.

La anécdota graciosa del día llegó cuando, haciendo uso del Google Maps, enseñé Lepe a Antonio y Anna, mostrándoles fotos de Islantilla, vídeos de la Romería, fotos aéreas de Nueva Umbría... y comenzó el debate sobre las playas. Antonio mostró una de Cerdeña, Íñigo una del País Vasco y yo puse también una instantánea de las Islas Cíes además de las de Nueva Umbría. El debate estaba servido y no llegó a zanjarse, lo que lo hizo más gracioso aún.

martes, 15 de noviembre de 2011

Apoyando a España desde la distancia

El pasado sábado, tras el tour por Bélgica visitando Eben-Emael, quise sacar tiempo para ir a ver el partido de Inglaterra-España. Fui con Feng al Highlander y nos pedimos la cerveza en oferta del día, una Maes. El partido empezó, con comentarios en árabe y superioridad española, aunque no la suficiente como para adelantar el marcador. Desde mi taburete en Maastricht decidí sacar la artillería pesada y desenfundé mi bandera española, para ponérmela a la espalda. Ya había ganado un mundial y no iba a perder un amistoso. 

El camarero me reconoció, pues había anunciado dos horas antes que iba a llevar la bandera, y me invitó a una cerveza de medio litro de parte del dueño -al llegar a casa vi que el dueño había en efecto escrito que me invitasen a una cerveza-. En la foto estamos Sebastian, sudafricano, y yo. Se ven también la cerveza a la que me invitaron y la bandera. Por supuesto, llevaba además puesta la camisa roja. Desgraciadamente España perdió, pero me lo pasé bastante bien esa noche.

martes, 8 de noviembre de 2011

¡Va por vosotros!

Tradiciones, tradiciones son, aunque estés a miles de kilómetros. En mi vida, y gracias a mi gran amigo Dima, un chupito -así se empieza- de vodka cada cierto tiempo es una tradición a la que no se puede renunciar, aunque tenga a mis amigos tan lejos como ellos la sabana africana.

Tenía pendiente desde hace algún tiempo echarme una foto tomando uno de esos chupitos de vodka Smirnoff que pido. Suele ser una de mis preferencias, porque durante un tiempo me traslada al sur de España con toda mi gente, con lo que sigo el ritual completo: un segundo en el aire en brindis ceremonioso al club del vodka (Dima, José, Fender, Vázquez), un segundo en la barra y a continuación un pequeño recorrido por ella que termina cuando lo levanto y lo bebo (esto último por Elena). 

Pues bien, ya me eché la foto y ahí va ese brindis desde Holanda para todos mis amigos de allí, que mientras a mí me matan a libros por leer siguen disfrutando del tiempo (atmosférico y libre) de la Universidad de Huelva.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Dale a tu cuerpo alegría, Macarena...

...que tu cuerpo es pa' darle alegría y cosa buena. Bueno, he aquí mi segundo vídeo realizado. Se ve oscuro, pero lo principal es que se escuche que lo que suena. Pese a no dar pruebas espero que confiéis en que lo he grabado en Maastricht. De hecho, lo grabé la noche del 28 de octubre en el pub Highlander. En él se aprecian dos chicas encima de una mesa (derecha) y un grupo de personas (izquierda) bailando la famosa coreografía de la canción de Los del Río.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Halloween

 El pasado lunes se celebró por aquí Halloween, aunque tampoco tuve una salida muy larga. La fiesta comenzó en una habitación, como suele hacerse, y allí estuvimos bebiendo cerveza, vino, ron... cada uno a lo suyo. Yo estuve casi todo el tiempo con mis colegas del país de la bota. En la foto aparecemos Federico, Matteo y yo. Como se ve, estamos muy favorecidos los tres. He de decir que el gorro lo tomé prestado para la foto, era de una italiana. 

Aunque no se aprecia porque usaron el zoom, en mi mano tengo... ¡la tacita de vaca! Se hartó de vino, aunque lo compartió conmigo en buena parte. Después fuimos a un pub que estaba petado, donde pude discutir con un italiano que fue a Argentina seis meses si el acento de los Andes es más bonito que el peninsular. Puedo hacer concesiones con el soniquete, pero que me digan que "sho" es más bonito que "yo" me supera. Eso no es español, ostias, y dialecto tampoco.


martes, 18 de octubre de 2011

Noche Erasmus (II)


Después de recoger mis dos guantes y ponerme el chaquetón volví al piso a por una botellita de vino dulce español a medio gastar del otro día. El objetivo era llevarla a donde estaba todo el mundo... pero no sobrevivió tanto. Me cogí una latita de cerveza y a marchar. Pasé por el piso de Marina y Berta y fuimos en grupo a la habitación donde había guateque antes de salir. El vigilante de seguridad nos persiguió un poco y al rato se pasó por la puerta del piso y como preguntó si todo iba bien, Matteo Scarcia le dijo que todo iba perfectamente y que, como podía observar el nivel de ruido era aceptable. Nos dijo que así era y, como yo le pregunté si teníamos hora límite, él me dijo que todo lo que quisiéramos mientras nos mantuviésemos así. Perfecto.

 Salimos pasadas las doce y tras ver que el centro estaba muerto nos fuimos al Highlander. A las dos salimos de allí en tropa junto a la marabunta Erasmus que se dirigía al Alla empezando a llenarlo en un 1/3. De hecho, diría que mínimo el 50% de los que estaban allí eran españoles... y se notaba cuando sonaba Danza Kuduro. Somos inconfundibles porque, al entender la canción, somos los únicos que levantamos las manos cuando suena el estribillo. Eso sí, algún que otro holandés intenta copiarse el movimiento con más o menos éxito. Tras dos horas y media bailando casi sin parar, tocaba volver a casa. Marina fue en la parte trasera de mi bici con mayor o menos fortuna, dependiendo de cómo cogía los numerosos badenes y baches del camino. Me pidió la cámara para ir viendo las fotos de la noche -43 en ese momento- y aprovechó para hacer un pequeño reportaje ciclista y grabar un vídeo del tour, aunque se ve oscuro en la mayoría del tramo por la ausencia de farolas. Hay que repetir el filme.

domingo, 16 de octubre de 2011

Fiesta a la española

Botellas de vino, vasos y un plato de salpicón de marisco.
Hoy tocaba. Después de todos los preparativos, por fin llegaba el domingo y la prometida fiestecilla a la española. Tras dos horas preparándolo todo en las cuales cambié la organización de mi habitación -como suelo hacer para cada fiesta con el salón donde se celebre-, empecé a preparar el salpicón de marisco al tiempo que llegaban los invitados. Tuve la mala suerte de ir muy justo de tiempo y al final terminé preparando todo cuando llegaban... y eso que se suponía que tenía que estar todo listo. Por suerte fueron pacientes y hasta tuvieron el detalle de esperar a que yo terminase con todo ya sobre la mesa. 

Salpicón y, al fondo, pipirrana.
Como se ve en las fotos, aunque las eché bien avanzado el guateque, había salpicón de marisco, aceitunas rellenas de pimientos y pipirrana, con picos para acompañar. De bebida, tinto de verano, dos botellas de vino dulce y un rioja del 2010.
Desde la izquierda, Sophie, Arminda y Lilia.

jueves, 13 de octubre de 2011

Noche Erasmus

Todos los lunes, un famoso local de la ciudad organiza la "noche internacional", en la que se reúnen multitud de estudiantes Erasmus y el pub llega a estar muy petado. Se llama "Highlander" y por fin fui a ver qué tal estaban esas noches internacionales, pues en todo un mes no había ido nunca. El ambiente es bastante bueno: banderas de todos los países, una camiseta de David Villa, música de todas partes... y ofertas de vez en cuando. La que tocaba este lunes era un tercio de cerveza alemana "premium" por 1,5€, lo cual me trajo inevitable nostalgia de los precios españoles. Y es que aquí es imposible tomarse una rubia por menos de 2,5€ (la más asequible es Heineken y de 25cl, si vas a algo mejor el precio se dispara a 3 euros y pico). 

La verdad es que la cervecita estaba buena. Es la que aparece en la foto. Salí con Lorenzo, el italiano, y Juan, el argentino afincado en Zaragoza. Lorenzo pagó la primera ronda y yo la segunda -otra tradición mediterránea muy sana, la de pagar por rondas. Subimos a la segunda planta, donde se celebrada el "desafío de la cerveza", que consistía en beber antes que el otro grupo el o los vasos que tuvieras delante. Aunque me dijeron que me apuntase, me limité a echar fotos y a degustar con tiempo mi propia cerveza. Lorenzo grabó un vídeo, que aunque oscuro permite captar la esencia del evento. 

La chica que aparece era una organizadora junto a la otra en el extremo opuesto de la mesa. Juntas brindaban y, donde la primera de ellas posaba su vaso sobre la mesa, comenzaba la competición.

Hubo detalles como que un chico se equivocó y, al tener bebido medio vaso, pudo terminar antes... otra vez empezaron a celebrar un equipo y resulta que había ganado el otro, etc. 

En cualquier caso, corrieron litros y litros de cerveza hasta que Lorenzo y yo nos fuimos de vuelta a la residencia, supongo que sobre las 23:30. Llegando nos cruzamos con un grupo que salía a esa hora... y me apunté. Era temprano, no tenía nada que hacer al día siguiente por la mañana -mentira, tenía que hacer el trabajito que luego hice con prisas antes de pegármela con la bici- fui con este grupo. En él éramos cuatro españoles -tres de ellos catalanes- y el griego. 

Nada más aparcar nos encontramos con dos compañeras españolas y a una de ellas le habían robado la bici... así que se volvió a la residencia sin ganas de salir. Nosotros fuimos a cerrar un bar, bueno a tomarnos una cerveza justo media hora antes de que cerrase, y después nos pasamos por la discoteca estudiantil del centro con la excusa de enseñársela a Marta, que estaba de visita a su amiga Clara. Con todo... a las 3 para casita y una noche completa más para la memoria de estos meses perdido al norte de Europa.


jueves, 22 de septiembre de 2011

No todo está en las clases

Ya tenía cierta idea de ello... pero conforme van pasando los días veo que la mayor aportación que puede hacer esta estancia Erasmus no está en los libros, ni siquiera en el sistema basado en resolución de casos de la Universidad de Maastricht, sin menospreciarlo. Lo que estoy viviendo aquí es único... suerte que soy consciente de ello mientras estoy aquí y no después de terminar, porque quiero apurar cada segundo en esta maravillosa ciudad.

Hice la compra, aunque como siempre se me olvidaron algunas cosillas, y más tarde vi el partido del Athletic de Bilbao con Íñigo. Después, ya a la noche y después de "cenar" -tres salchichas y una cerveza, a lo alemán- nos acercamos a la habitación de Chris y Federico, australiano e italiano respectivamente. Éramos los únicos dos españoles, así que tocaba hablar inglés. Eso sí, me dio tiempo a hablar un poco de italiano. 

Aunque la mayoría quería acostarse o ir a descansar, reunimos un buen grupo muy variopinto y mundial -estaban representadas Australia, Dinamarca, Suecia, Grecia, Italia y España- para ir a Amorsplein -plaza del amor- a tomar una cerveza. Pude hablar un poco de español con Federico, que hacía tiempo que no lo practicaba, y en la puerta del bar oí ese idioma que cuando vas al extranjero suena celestial: español. Tres holandeses practicaban español para ayudar a una chica que mañana se examina en la escuela de hostelería. Por supuesto, aproveché para echarle un cable y creo que terminó un poco más segura de sí misma, a juzgar por la cara que ponía antes y después. Espero que tenga suerte y, aunque no llegué a saber su nombre, sí que me enseñó a decir "dolor de cabeza" en holandés, algo así como "hoofpaint" -muy útil para cuando el profe me preunte en clase, le dije-. En cualquier caso, todavía pude quedar con los últimos dos supervivientes a dar una vuelta con un grupo de alemanes que conocimos, de los cuales hablábamos más con una chica de Colonia -Köln- que estudia medicina. Eso sí, cuando intentábamos entrar en un pub los perdí de vista un segundo y adiós... así que como no los vi dentro del pub cuando logré entrar, me volví a casa en bici. Una vez aquí intenté hablar en italiano con un compañero y me ha pedido que le enseñe algo de español, lo cual haré con gusto a la par que espero aprender italiano -y quien sabe si aprenderé algo de holandés-. 

En España, mi oxidado francés carecía de sentido e iba olvidando el italiano por momentos. No obstante, aquí es gratificante escuchar y hablar varios idiomas, aunque sea a veces sólo saludar, me siento más internacional, más Erasmus. En realidad, estudiarme unas asignaturas puedo hacerlo en Huelva, pero conocer tantas culturas e idiomas al mismo tiempo... eso sólo podré hacerlo durante estos meses.
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