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martes, 28 de febrero de 2012

Vuelta a los viejos tiempos

No se puede decir que uno vuelve a la rutina hasta que vuelve completamente a la rutina. Y ella incluye no sólo el ritmo de trabajo, sino también el ocio. 

Ayer, después de tanto tiempo, tocó tarde de vodka con mi amigo Dima, Fender y Pablo, compañero de carrera que acabo de conocer hace unas semanas. Después de tanto tiempo, los chupitos de vodka no vinieron solos en el Alla, sino que llegaban en buena compañía, con limón y aperitivo incluido. Además, me encargué de que pos detrás sonara música en ruso, para culminar el momento. Atrás quedan tantas veces en que, frente a tequilas y anises con crema de whisky, yo me pedía un chupito de Smirnoff.

domingo, 26 de febrero de 2012

Pasa la vida, pasa la vida...

Han pasado 23 días desde que volví de Maastricht. Ya estoy plenamente habituado a las tempraturas de siempre y no ha llovido una sola vez desde que estoy aquí, ni siquiera se ha nublado el cielo. Además, la máxima de cada día no ha bajado tampoco de 15ºC, luego no me puedo quejar por ello.

Siguiendo con las bondades de haber vuelto, no puedo dejar de mencionar volver a estar con mi familia, mi novia y mis amigos. Y tampoco puedo olvidarme de unas cervezas con tapa de jamón que me tomé el otro día, que sabe mejor aún si sabe tras tanto tiempo sin esa buena costumbre. 

Finalmente, la Universidad. Ya he acuñado una frase que resume mi vuelta a la Universidad de Huelva: "Allí era un mendigo; aquí soy un señor". Quizás tenga más profundidad o más significado del que aparenta, pues no sólo me refiero a calificaciones, premios o carga de trabajo, sino también a mi posición misma como jurista. Mientras que el Huelva domino lo básico para mantenerme con holgura en el nivel medio y, si se me permite la licencia, puedo destacar a veces, en Maastricht era un perfecto estudiante más. Es lógico que el ambiente de aquí me anime más al estudio, cuando aquí me siento en casa y conozco a los compañeros, el sistema, los profesores y hasta el ordenamiento jurídico en sus líneas más elementales. Quizás me faltó tiempo para conocer la Universidad de Maastricht, pese a que guardo gratitud a los conocimientos y habilidades adquiridos. Estuve realmente tres meses en la Universidad y eso, querido lector, es muy poco para todo un sistema educativo diferente de cabo a rabo al que tenía. Pude cosechar mejora en mis habilidades, pero no puedo decir que me integrara complemente en él. 

Ah, seguro que hay quien se pregunta: ¿Y el síndrome post-Erasmus? Existe. En mi caso es complejo, tan complejo como supongo que será en todos los estudiantes ex-Erasmus. Nostalgia a momentos, alegría en otros... Salvando el abismo de diferencias, es lejanamente comparable la sensación a una relación a distancia -ejemplo que hago para facilitar la comprensión-. Anteayer pude hablar con mis compañeras Marina y Liher y me sentí como si estuviera hablando tras la ventana. De hecho, me dieron ganas de decirles que me hicieran hueco y me cogía un avión -como lean esto les va a faltar tiempo para animarme, seguro-. También mantengo el contacto con otros ex-compañeros Erasmus -o compañeros ex-Erasmus, según se prefiera-.

El verano será cuando pueda, si todo lo permite, tener reencuentros y alegría. Lo más triste de todo esto es, ciertamente, la soledad. No debe entenderse en el sentido típico, sino como soledad en el sentimiento, me explico, me falta a mi lado a quien recordarle las coñas de siempre, los sitios donde íbamos, etc. Por suerte, este blog ayuda mucho en ello y a veces me comentan anécdotas que aquí he relatado lectores con los que me cruzo. Y, por supuesto, mi novia, a la que he tenido bastante al día de mi periplo por una ciudad al sur de Holanda llamada Maastricht.

sábado, 4 de febrero de 2012

En casa, en Lepe

En casa. ¿Al fin en Lepe? ¿Ya en Lepe y no en Maastricht? ¿Se acabó todo? Tantos títulos que no sé cual poner... igual que cuando llegué a Maastricht. En cualquier caso, estoy en Lepe, en casa. Así que así lo he titulado. 

He tenido un viaje movido, ya contaré con más detalle cuando tenga algo de tiempo. Este blog no termina hoy, no aún. Me quedan cosas por contar, viajes por narrar, curiosidades que decir y fotos que enseñar. Aviso que he llegado sano y salvo después de todas las desventuras que he tenido por el camino y que finalmente he vuelto a mi tierra.

No puedo, eso sí, terminar esta entrada sin decir que me he levantado de muy buen humor. Rayos de sol entraban por la ventana aún con la persiana echada y, aunque esta habitación es más fría, se notaba una temperatura en la calle más agradable que la de Maastricht. Ya despierto, escuchaba desde la calle palabras en mi lengua, en mi andalú. ¡Qué alegría ese sonido en mis oídos al amanecer! Tras tanto tiempo hablando el español reglado, ayer al llegar al aeropuerto no había quien me callase en mi andalú. Ya tendré tiempo de seguir hablándolo... y escucharlo, que esta noche podré asistir a la Gala de Carnaval de Lepe. 

La nota un pelín triste es que en la estación de trenes de Charleroi-Sud pusieron en megafonía la canción Titanium, que tanto le gusta a Lilia Fiore y escuchábamos una y otra vez todos juntos. Me quedé paralizado un segundo, pero decidí romper el hechizo y caminar o no me movería de allí. Para mí ése es el punto en que, con sus ventajas y desventajas, dejé de ser un Erasmus para ser un ex-Erasmus.

viernes, 27 de enero de 2012

Mi tierra, mi mar (II)

Hace poco comentaba el paseo por la costa que hice cuando estuve en Lepe estas Navidades. Mi amigo Matteo Scarcia se reía por el título que había puesto a la entrada, al decir MI mar. Para darle aún más la razón, he aquí que tengo un póster de Nueva Umbría en mi habitación. Pues bien, resulta que el día que hice las fotos a la playa no me quedé en ello, sino que además me cargué la batería de la cámara haciendo un vídeo -no, no la inutilicé, es una manera figurada para decir que se agotó-. 
Quise, a la misma manera que a veces he hecho en Maastricht, grabar un vídeo sobre algo cotidiano, sólo que esta vez di un paseo e iba con la bicicleta y la cámara en mano. Ya me han preguntado cómo hice para no pegármela contra los viandantes y, la verdad, viéndolo a veces dan ganas de decirme "pero xiqillo, ande bâ, qe te la bâ a meté!" (Pero, ¿qué haces? ¡Vas a tener un accidente!). Sin más prolegómenos, ahí va el vídeo:

sábado, 14 de enero de 2012

Mi tierra, mi mar

 "El mar, la mar, sólo la mar". Con este verso de Rafael Alberti, poeta andaluz del 27, quisiera comenzar esta entrada.

Tenía una cita pendiente al pasar mis vacaciones de Navidad en Lepe y ésa era sin duda la visita a la playa de La Antilla. Fiel a mi costumbre española, pero ahora arraigada en Holanda, me desplacé en bici hasta pie de playa, donde disfruté que mis ojos me hicieran chiribitas contra el sol onubense. 

La arena, fría por el invierno, daba paso al Océano Atlántico, que moldeaba la costa provocando pequeñas dunas y golas. El sol, sin impedimentos por lo despejado y azul del cielo, se reflejaba en las tranquilas aguas dando unas instantáneas preciosas como la que acompaño aquí abajo. Parece mentira tener este paraíso a tan sólo unos kilómetros de casa, si bien es mejor aún la playa de Nueva Umbría. No pude visitar ésta porque requería más tiempo y esperaba visita, sí que en cuando recibí la llamada telefónica para avisarme de que había llegado pedaleé hasta mi casa. Veinte minutos y allí estaba. 

Aproveché para grabar un simpático vídeo, sólo estropeado en parte por el ligero viento, aumentado por la velocidad a la que iba con la bicicleta. Sí, hice el vídeo montado en ella. He de advertir, para cuando lo suba, que no cometí ninguna temeridad pese a que en él parezca que me voy a chocar en un par de ocasiones. Soy un conductor cauto -no me lo creo ni yo, pero tenía que decirlo-. Unos chicos salieron saludando y a la vuelta me dijeron "¡no lo vayas a subir al Youtube, eh!". "Pues va para el Youtube", les respondí a lo lejos. Lo siento mucho... si no querían, que hubieran evitado el saludo. No voy a privarme de compartir un vídeo que había iniciado con la intención de subirlo a Youtube sólo porque alguien decide aparecer y luego quiere censurarme. Otra anécdota es una pareja que aparece besándose casi al final, sin quitar que el vídeo se me cortó justo cuando iba a terminarlo porque me quedé sin batería. ¡Qué cosas!

martes, 10 de enero de 2012

Navidades en España

 El primer día en España el día se me hizo más largo. Sí, llegué por la tarde, pero atardeció a las seis pasadas, casi las siete, cuando en Maastricht a las cuatro y media ya caía la noche y de una manera más rápida. Ese tono de naranjas, morados y azules que tiene el cielo andaluz no lo tiene Limburgo ni de lejos... y lo echaba de menos.

Tras pasar la nochebuena en familia en Isla Cristina, pasé el día entero de Navidad en casa, sin salir, con mis padres y mis hermanos echando unos buenos ratos a la Wii. Por la noche salí con mi amigo Dima a tomarnos unos Martinis y jugar al billar. ¡Qué igualadas estuvieron las partidas, de antología! Los días son cortos y tenía dos semanas y media para todo, así que me puse manos a la obra gastando días con mis seres queridos. El lunes se lo dediqué a mi novia, que había vuelto de Sevilla. Catorce horas juntos no son nada tras tres meses separados y a la vez es la eternidad de un sueño cumplido, después de tantas veces repetidos oníricamente en una cama a casi dos mil kilómetros de ella. 

El martes 27 estuve con mis amigos y compañeros de Facultad almorzando en la Cervecería Bonilla, en Huelva. Un buen secreto con patatas, ensaladilla de gambas y huevos fritos, lo que necesitaba mi cuerpo tras degustar una cerveza fría, aceitunas aliñadas y una tapita de patatas ali-oli. No se me saltaron las lágrimas de la emoción, pero creo que fue por el ansia con el que devoré todo mientras hablaba con mis compañeros y me ponían al día. La de cosas que pasan en la universidad mientras uno se va... madre mía. Tocaba reposar, así que un café con leche al cuerpo. Intenté pedir un carajillo de Baileys, pero no fue posible tras explicar al camarero cómo lo quería. Quedaba tarde por delante, asi que tras despedirse las chicas del grupo, los chicos nos fuimos a otro local a tomar unos Martinis. Entre que no nos pusieron frutos secos y que nos cobraron una enormidad no pensamos volver allí. Además, ni nos limpiaron la mesa... pero pese al disgusto nos quedaron ganas de, al volver a Lepe, tomar dos rondas de birras y jugar al billar. Por el camino, cruzando el puente de Huelva, se apreciaban unas vistas realmente preciosas del atardecer onubense.

Pasé los días en una cosa y en otra, como el día treinta, en el que acudí a un pleno municipal del Ayuntamiento para saludar mis compañeros concejales. Después, un café con Javi Valderas -pendiente desde hacía largos meses- y el corte de pelo que falta me hacía. El año nuevo lo pasé con la familia a la hora de tomar las uvas y con Dima y mi novia por la noche.

El dos de enero entregué a última hora un  ensayo jurídico para la asignatura de historia del Derecho y desde entonces me vi por fin en vacaciones, aunque con la agenda igual de apretada. Café con mi amiga Itziar; también con mis amigos Fender y Dima; café, cerveza y tapa con Domingo Delgado; paseos con mi novia Virgi; visita a mi maestra de primaria; cena de pizzas con mi familia e incluso una cena con mi novia y nuestras familias la noche del uno de enero. 

Esta noche del nueve de enero, ya día diez, parto de nuevo hacia Holanda, hacia Limburgo, hacia Maastricht. Me queda una sensación agridulce poor todos lados, ya que vuelvo a dejar España para ir a Holanda, pero esta vez sólo iré por poco tiempo y ahí se habrá acabado "todo". No me olvido de mi tacita y todos mis compañeros Erasmus, a los que ciertamente extraño, aunque muchos no estarán a mi vuelta y se me hará raro.

En mi maletín llevo ahora la seguridad de conocer el camino, la tranquilidad de saberme algo más maduro -pero no mucho más, lo siento- y un póster del paraje más bello de Lepe: la playa de Nueva Umbría. Llevo algunos folletos sobre Lepe para darlos a quienes estén interesados en visitar mi pueblo, ya que uno es embajador de su tierra allá por donde va. 

Ahora camino de otra forma, con pisadas más fuertes... creo que el zapato se me está destrozando por los talones, otro par a la basura -no tengo remedio-.

martes, 11 de octubre de 2011

Mis últimas 24 horas en España

He escrito mucho sobre lo que llevo de estancia aquí -supero la media de entradas en blogs Erasmus y de estancias en el extranjero- y un poco de la preparación del viaje, pero me quedaba un pequeño hueco muy emotivo... mis últimas horas en España antes del viaje. Pues bien, un mes después va llegando el momento de relatar como viví las últimas 24 horas, el último día, en mi querida tierra española. Seguramente, no sea nada parecido a lo que cualquiera se pueda imaginar.

Teniendo en cuenta que mi avión salía de madrugada, comenzaré por la noche inmediatamente anterior. Estaba en el piso de mis compañeros Dima y José, en Huelva. Tras ver el partido del FC Barcelona contra el AC Milán -dichoso Thiago...- con unas cervezas, me dispuse a empezar a estudiar Derecho Administrativo II. Así es, he dicho "empezar". La verdad es que aunque Derecho Financiero I la había tocado un poco a lo largo del verano... Derecho Administrativo me la estudié esa misma noche. Con los apuntes, el manual y los recursos digitales en la mesa, me puse manos a la obra para aprenderme una asignatura de 8 créditos ECTS en tiempo récord. Teniendo en cuenta que me jugaba la beca -y con ello la carrera- en ese examen, creo que ya puedo catalogarlo como la mayor locura de mi vida. A la una y media, algo cansado, me fui a dormir. Obviamente, tuve que dormir con las lentillas y no me llevé pijama ni ropa de cama. Total, para un par de horas... 

Me levanté a las 6:00 de la mañana dispuesto a estudiar como un cosaco y a meterme en la cabeza todo lo que pudiera antes del examen, a las 10:00. Comí como un cerdo en el desyauno, pues me había comprado unas tartaletas de manzana y una tableta de chocolate (azúcar y serotonina, para mantener el ánimo) y refresco de cola (cafeína, para mantenerme despierto). De hecho, estuve comiendo hasta las 09:15, hora en que salí del piso. Minutos antes me había despedido de José, pues a Dima lo vería más tarde. Una vez fuera, con mi maletín cargado creo que con al menos 5kg, cogí un autobús urbano hasta la universidad y todavía llegué cinco minutos antes que la profesora al aula de exámenes. Una curiosidad es que, en la parte práctica del examen, el profesor me dejó completamente solo en el aula durante no menos de diez minutos. Me dio tiempo a terminar el examen, repasarlo y quedarme de pie junto a la mesa, apoyado en ella, hasta que volvió. El ejercicio me había salido a pedir de boca, así que ni se me pasó por lla cabeza intentar buscar en la teoría. Además, la teoría en Derecho es resumir de mala manera la legislación salvo en honrados casos, así que, como en las partes prácticas se permite usar la laegislación, carecía de todo sentido la picardía de rebuscar en el manual.

Cuando hube entregado el examen, el profesor me pregutó mi nombre y tras ojear la teoría, ya corregida, me dijo "tienes que haber hecho muy mal la parte práctica para suspender". Eso me tranquilizó y salí bastante contento, más preocupado por Financiero que por Administrativo. Me encontré en seguida con Elena, a la que felicité porque era su cumpleaños, y nos encaminamos a la cafetería a tomar unas cervezas en grupo. En la foto de la izquierda se ve a Dani Vázquez muy apañao poniéndonos delante unas aceitunas. Cayeron no pocas cervezas y me pedí una tapita de salpicón, la última en meses... -joder, cómo las hecho de menos, leches-. 

Apuré el tiempo muchísimo, más de lo debido, y a la hora de irme, tras los abrazos y arracar la promesa de que me visitarán, Dima tuvo que hacer slalon en el tráfico para dejarme a tiempo en la estación de autobuses. Llegué tan justo que fui directamente al autobús a comprar el billete y llegué justo a tiempo, sin poder ir al aseo... y lo necesitaba tanto... De hecho, llegué a Lepe con un dolor de riñones tremendo por estar una hora entera sin poder ir al aseo. Pasaron un par de horas hasta que se me fue del todo el dolor. Ya en mi pueblo hasta la hora de irme, fui a casa de Virgi -mi novia- a almorzar, pues Loli -mi suegra- me había invitado a ello. Tras comer, estuve con mi novia unas horas hasta que fuimos a mi casa, donde aún tenía que ultimar las maletas y todo lo que ellas iban a contener, pesándolas al gramo.

Esperamos a mis padres y nos fuimos a cenar a la Pizzería Daniel, donde me entretuve un rato hablando con Dani Zamorano, cómo no de política. Cené una buena pizza -también las echo de menos- y tras ello, una vez en mi casa sobre las doce y media de la noche, mi padre nos acercó a Virgi y a mí a su casa, donde me despediría de ella y su familia. Fue una despedida triste, pero sin lágrimas. Emotiva, pero sin grandes escenas de película. Lo prefiero así. Bueno, mis suegros se empeñaron en regalarme un poco de jamón que aún guardo. Lo aprecio tanto que lo voy guardando para mejor ocasión, pero pronto va a caer seguro.

De vuelta a mi casa, me quedaba con mi ciudad de noche... tan tranquila... todo estaba como siempre en cualquier día y a la vez era tan especial para mí... En casa, con las maletas completas, cogí la ropa que iba a llevarme en el viaje y la metí en una bolsa. Hasta Sevilla, iría más cómodo en camiseta de manga corta. De camino al aeropuerto, con tiempo, todo estaba tranquilo; España dormía. Llegamos al aeropuerto a las 4:00 y las puertas parecían cerradas, sólo por una de ellas se podía acceder al desierto salón que daba paso a las puertas de embarque. Una hora después había algo más de actividad y, sobre las cinco y media, pasé seguridad, viendo a mi familia por última vez para los próximos meses. Fue uno de los momentos más duros, porque cada vez iba despidiéndome de personas más cercanas y, ahora, también dejaba Andalucía, España. 

Finalmente, al avión y, una vez dentro, leí una carta que mi novia me había escrito. Ése sí fue el momento más duro, cuando ya sí que no podía echarme atrás a miles de metros de altura. Tuve que leerla en varias veces y la volví a guardar. No sé a qué hora pasé la frontera y dejé España atrás, estaba además durmiendo. Logré conciliar el sueño hasta un poco antes de llegar al destino, lo cual agradezcí por el cansancio que tenía. Llevaba tanta actividad y tantas pocas horas de sueño que en cuanto me relajé caí rendido. De hecho, ya en la residencia me eché una siesta de tres horas...

jueves, 15 de septiembre de 2011

Finalmente en Maastricht

Me ha costado titular esta entrada. No podía poner "al fin" en Maastricht porque si de mí dependiera a lo mejor me hubiera retrasado un poco, ni tampoco "por fin", y "ya" denotaba pasotismo. He preferido una fórmula más poética, con el contraste de "finalmente" con la realidad, que es el inicio de una etapa que espero aprovechar al máximo.

Ayer por la noche comencé la travesía. Tras estar todo el día de despedidas, más duras y difíciles conforme iban pasando, mi familia me llevó al aeropuerto, donde tuve el placer y honor de ser el primero en la fila para facturar, aunque tuviera que esperar un poco a que abriese la ventanilla.

 Con todo facturado, era cuestión de esperar e ir hacia el avión. Pasé seguridad una hora antes de la salida del vuelo y llegué unos minutos antes de su apertura a la puerta de embarque. Primera sorpresa del viaje: tuvimos que caminar por la pista para llegar al avión. Una vez dentro, segunda fila y a esperar... y dormir, que todavía me pregunto cómo lo logré.

Cuando me desperté había unas vistas preciosas desde el avión, en las que se podía ver la campiña belga y holandesa, con los diques de contención ante los ríos y canales. Una vez llegué, me dirigí al aseo antes de recoger mi equipaje y me dispongo a tener mi primer contacto con los holandeses -que no se piense mal-. Como buscaba el aseo de hombres y sólo veía el de mujeres, una chica que se estaba liando un porro me indicó la dirección con el dedo y sonriente. Así es fácil caer en estereotipos...

Con las maletas por pesada escolta, no me fue fácil moverme, pero logré comprar un billete de autobús y entrar en él. Me llevó hasta la estación del centro, que combina autobuses, taxis y trenes, por una carretera que era sólo para autobuses, situada en el centro de la avenida... curioso. Una vez llegué me compré un billete como pude y me acerqué al andén, donde el tren se fue delante de mis narices y tuve que esperar media hora. Revisando el billete aparecía "kindtarief" (precio infantil), ya que me preguntaban si quería tarifa completa o descuento y uno siempre prefiere el descuento. Al final me salió mas caro porque tuve que acercarme a la oficina a comprar uno nuevo y aquí si no usas la maquinita automática te cargan 0,50€ más.

Sea como fuere, entré en el tren billete en mano y a esperar. Pero mientras echaba fotos no sé dónde puse el billete y justo que venía el revisor mientras lo buscaba. Le expliqué mi situación y tuvo la amabilidad de hacer la vista gorda, sonriendo ante mi apurada situación. A cada estación intentaba deducir algo de los mensajes en holandés, intentando oír "Maastricht". Era la última estación y no tuve problemas, ¿pero quién se entera de eso en holandés?
Ya en Maastricht tuve que descifrar los nombres de los barrios para llegar a Malberg, pero acerté a coger la línea 1 por el módico precio de 2,50€. Me dejó junto a los edificios y bueno... allí no había oficina: empezaba lo bueno. Pregunté a una mujer holandesa y no sabía de una oficina por allí, pero empezó a preguntar y a guiarme y encontramos a un chico francés que se alojaba en mi misma residencia, quien me indicó dónde ir: a un kilómetro estaba la oficina central. Rendido ante la evidencia de tener que hacer ese trayecto con las maletas, acepté la propuesta de dejar las maletas en la habitación del chico y volver por ellas. Fui caminando por la ciudad, guiándome por mis recuerdos del Google Maps y un mapa, y cuando llegaba pregunté a unas chicas que hablaban español. Como fui por el camino equivocado y un hombre que abrió una puerta con su credencial me dejó pasar... entré en la zona restringida para el personal del Tribunal de Justicia. Intenté salir pero todas las puertas tenían lector de tarjeta... así que tuve que preguntar a una señora que tras preguntarme cómo había burlado la seguridad -un recién llegado Erasmus, para más inri- me abrió las puertas y me indicó el camino. Por fin pude encontrar el despacho y firmé el contrato, recogí las llaves... y me ofrecieron acercarme a la habitación. Acepté, aunque tuve que esperar un buen rato -si lo hubiera sabido desde el principio...-. Me llevaron hasta la habitación indicándome las llaves y los lugares, así que quise conocer el edificio antes de recoger las maletas. Me encontré a mi compañero, Íñigo, que me estaba dando las indicaciones sobre el apartamento cuando me dio por preguntarle de dónde era. Al escuchar que era de Bilbao sólo pude decir "¡De cojones!" con una amplia sonrisa.

martes, 6 de septiembre de 2011

Equipaje en proceso

Ya tengo todo el equipaje. Bueno, al menos los recipientes. He a la derecha las dos maletas que voy a llevarme más el bolso de mano, que sobrepasa las medidas de Ryanair en 2cm, los cuales espero "comprimir" no llenándola lo suficiente.

Gracias a la persistencia de mi novia tengo un inventario en el ordenador con el que controlo en cada momento qué contiene cada maleta sin tener que abrirla para recordarlo. Ésto se me ha hecho útil especialmente a la hora de hacer cambios pot motivos de peso... y es que sólo me permiten llevar 15kg en cada una como ya adelanté. 

Mi táctica, pese a todo, será ir bien abrigado a mediados de septiembre con la excusa (real, después de todo) de que mientras aquí en Lepe hay 34ºC y sol permanente en Maastricht llueve y está nublado sin subir de los 20ºC salvo momentos puntuales. ¿Por qué no puede ser al revés? Con lo que odio la lluvia...

lunes, 5 de septiembre de 2011

Mi última recompensa

Me gustaría poder decir que lo que tengo lo he ganado a base de mi esfuerzo. La verdad es que gran parte de lo que tengo a mi edad me lo han dado mis padres, como no puede ser de otra manera en un estudiante: ropa, comida, mi habitación... Pese a ello, hay ciertos bienes en mi haber que sí puedo decir que me los he ganado, directa o indirectamente, con mi esfuerzo. Esta entrada tiene su sentido de ser ante el último de ellos, aunque me gustaría dar un pequeño repaso a los mismos no para provocar envidias -si pudiera provocarlas mi pequeño patrimonio- sino para dar testimonio real y físico de los frutos del esfuerzo por los estudios incluso en el seno de una familia humilde. 

Play Station.- No pude tenerla hasta que tuve 9 años y medio -hoy me parecen pocos años, pero en aquel entonces todos mis compañeros tenían una-, pero fue la primera recompensa que tuve por ir bien en primaria. Y con recompensa, en éste y en los demás casos, quiero decir obsequio o producto de la necesidad, no como algo prometido a cambio de trabajar. 
Play Station 2.- Cuando tenía 11 años ya la Play Station estaba pasada de moda... y de juegos. Así que aproveché lo que me sobró de recolectar dinero para la excursión de fin de curso para cambiar la vieja PS por una PS2 con un pequeño empujón económico de mis padres.

Ordenador de mesa.- Era el año 2004 cuando con 13 años tenía la necesidad de contar con un ordenador. Mi instituto se había convertido en centro TIC. Comenzaba a tener que realizar trabajos escritos a ordenador y tener uno me sirvió para comenzar El legado, una serie de capítulos novelescos que acabé publicando en el periódico de mi centro. 

Internet.- Aunque tuve que esperar dos años con un ordenador sin Internet, finalmente pude disfrutar de la conexión USB móvil con la que ahora mismo estoy escribiendo este blog y otro que tengo. 

Gafas de sol y chaquetón polar.- Pues sí, las gafas de sol fueron fruto de los estudios. ¿Cómo? Sencillo, estuve de intercambio escolar en Suecia y necesitaba abrigo y unas gafas que me protegieran del reflejo solar de la nieve. 

Ordenador portátil.- El PC desde el que escribo es fruto de haber ingresado en la Universidad de Huelva y necesitar un ordenador portátil para organizar apuntes, gestionar trámites y redactar documentos ya esté en Huelva, Lepe o Graz (Austria).

Cámara de fotos.- Ésta es la última adquisición y la que motiva la entrada del blog. Es una Kodak M22 gracias a la cual podré fotografiar mi estancia Erasmus para guardar constancia de ella para mí mismo y en este blog ilustrando las entradas.

Uno no se hace rico estudiando ni a base de recompensas así -en todo caso trabajando tras haber estudiado-, pero reconforta trabajar y seguir adelante con frutos del propio trabajo, en momentos de ocio y de esfuerzo. Animo a todos los mis lectores jóvenes a esforzarse, porque antes o después siempre da recompensa.

jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Más vale tarde que nunca?

Esta mañana ha pasado lo que suponía... me han respondido no uno, sino dos e-mails. Ya tengo el vuelo cogido y los planes hechos, así que no hay ya nada más que cambiar. Menos cuando ya he avisado a la Universidad de destino... en cualquier caso, seguiré adelante con lo previsto y saldré en cuanto termine los exámenes.

Viendo una cita de compañeros en Facebook para salir me han entrado ganas de estar allí ya... pero no es posible, habrá que esperar un poco para el estudio, el idioma, conocer los Países Bajos y las fiestas. De todos modos... en España nunca se está mal.

miércoles, 31 de agosto de 2011

La calma tras la tormenta

Esta mañana ha sido vertiginosa... desde haber encontrado el vuelo anoche hasta verlo casi perdido al quedar una sóla plaza en la página web de Ryan Air. Problemas con la transferencia bancaria, la página colgada... nada más que problemas. Por suerte, al final pude tener mi vuelo para después de los exámenes. No puedo ya evitar llegar tarde, pero he enviado mensajes a los Países Bajos a ver si me ayudan un poco una vez llegue.

Lo bueno de todo esto es gozar de una semana más para todos los trámites, estudiar, estar con mi gente y llegar allí con menos agobios. Sí, menos, porque al llegar allí un lunes iba a empezar las clases el mismo día y con el papeleo pendiente. Ahora, podré tener dos días para ese papeleo y demás cositas, un finde para conocer a los compañeros y, finalmente, las clases.

martes, 30 de agosto de 2011

Cambio de planes

Una llamada, dos, tres... Un mensaje, dos, tres... Un día, dos, tres... No responde. Llevo un mes y medio intentando contactar con una profesora para que me haga el examen por vía extraordinaria y no hay manera... Estoy ya desesperado, lo he intentado hasta por FB.

Esta tarde he estado agobiado sin saber qué hacer. Mi vuelo sale este domingo y la profesora aún no me ha contestado para fijar fecha de examen. Por suerte, ya he decidido qué hacer. Iré a los exámenes en su fecha ordinaria y cogeré el primer vuelo a los Países Bajos, esa misma noche. Llegaré exactamente 10 días más tarde de lo previsto, que aún así era con una semana de retraso, y me habré perdido 2 clases, 80€ del anterior viaje, tiempo en Maastricht... pero tendré una semana más para estudiar los exámenes y asegurarme el aprobado, oportunidad que no voy a despreciar. Si todo sale bien, mañana mismo estaré reservando el nuevo vuelo, ya fijo, que además me permitirá acortar las horas previstas de viaje de 28 a 7, contando desde Lepe hasta Maastricht. Son cuatro veces menos, así que creo que vale la pena.

lunes, 29 de agosto de 2011

Una maleta más

Tengo contratadas dos maletas. De hecho, esta misma tarde me pasé por la agencia de viajes para confirmar tal extremo y está todo el papeleo arreglado. Sólo falta ver si me devuelven los gastos de gestión de uno de los dos vuelos, que aparecían como reservas separadas y generan dos gastos de gestión, sumando 100€ en total.

Tras ello, me acerqué a comprar una maleta para ir llenándola, lo cual ya he hecho. La he pesado con la Wii Balance Board, con el Peso de la Mascota en el juego Wii Fit, y me da 11,5 kg con los zapatos, un chaquetón, camisas y pantalones por meter... y en Ryan Air me permiten 15 kg por cada maleta. En fin... habrá que retirar algo. Por cierto, mi mascota en la Wii Fit se llama "Maleta" y tiene unos cambios de peso preocupantes...

domingo, 28 de agosto de 2011

La cuenta atrás

En seis horas quedarán exactamente siete días para mi partida, una semana. El tiempo se agota y no me quedan pocas cosas por hacer.

Desde pequeño, el verano empezaba a acabarse para mí después de mi cumpleaños, que siempre coincide con el 27 de agosto. Tras él, septiembre asoma y trae raudo el curso escolar, así que poco quedaba siempre por disfrutar. Además, septiembre significaba de pequeño hacer toda la tarea que había estado posponiendo durante el verano; una vez he crecido supone estudiar todo lo que siempre pospongo durante el verano.

Ahora, tras mi cumpleaños pasarán las horas volando y aún me quedan cosas por comprar, libros que estudiar y gente de quien despedirme... pero me dará tiempo, confío en ello. En cualquier caso, haré todo lo que pueda.

Curiosamente, ésta semana será en Maastricht la "Welcome week", en la que los estudiantes llegan a la Universidad. Para mí, será la semana de despedida de mi pueblo y mi país durante los próximos cinco meses. De momento, ya tengo una maleta lista -de las dos que llevaré- y el papeleo del viaje arreglado casi en su totalidad. Ahora a estudiar a fondo los exámenes que haré antes de irme.

sábado, 27 de agosto de 2011

Bienvenida

Hola, soy Daniel Toscano, estudiante de Derecho de la Universidad de Huelva. Actualmente estoy preparando una estancia Erasmus en el sur de los Países Bajos, en Maastricht.

En este blog, que quiero conservar como un diario personal expuesto a todo aquél que le interese, quiero plasmar mi estancia de cinco meses en el extranjero de la manera más fiel posible y tanto como mi tiempo me permita. Espero así mismo los comentarios de los visitantes a este blog.

Le doy la bienvenida a este viaje en el que me embarco con un nivel medio de inglés, muchas ganas de aprender y el inevitable miedo a lo desconocido de quien se adentra en tierras en las que ni romanos ni españoles terminaron de sentirse agusto. Espero que mi suerte sea distinta, ya que voy en son de paz y dispuesto a aprender de los neerlandeses, así como quiero llevar lejos Lepe, Andalucía y España, como pequeño embajador que seré de estas mis tierras.

Espero que me acompañe y disfrute con la lectura de las líneas que irán completando mi bitácora.
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