domingo, 27 de noviembre de 2011

Miércoles en Eindhoven (Países Bajos)


Este miércoles me paseé por una nueva ciudad holandesa: Eindhoven. Pese a su nombre, perfectamente podría ser simplemente la "ciudad de Philips", porque está llena de estatuas, calles y edificios de la famosa marca de productos eléctricos.

Feng tenía que ir a recoger unos documentos, así que me avisó y aprovechamos para ir a Eindhoven, en la provincia de Brabante del Norte. No hubo percances en la ida y llegamos a las diez y poco. Nos orientamos con su GPS, auunque antes de nada teníamos que echarnos la obligada foto con el cartel. A falta de un cartel como en la frontera o cuando llegamos por carretera, nos la echamos con la estación al fondo, que tenía el nombre de la ciudad letras bastante grandes. 

Por falta de tiempo no pude mirar bien qué había en Eidnhoven para visitar, aunque Feng llevaba los deberes muy bien hechos y sabía donde estaban los sitios, que había marcado en el GPS. 

Tras pasar por la zona comercial nos encaminamos a una catedral, en la que eché algunas fotos por dentro pero como es normal quedaron muy oscuras. También eché una por fuera y he aquí que salió mejor... aunque se aprecia la inmensa niebla que hacía este miércoles, ya a finales de noviembre.

Con la primera cita cumplida, era hora del museo. Por el camino nos encontramos un centro comerial bastante bonito y navideño que daba juego a muchas postales navideñas. También había en el un establecimiento del Holland Casino, la cadena de casinos más famosa de Holanda. Claro que... dentro olía mal, como a estiércol, y nos pedían cinco euros en fichas para entrar. Obviamente nos despedimos.
En la misma plaza había un McDonalds, donde comimos. Hacía dos años que no pisaba uno, pero bueno, comer basura de tarde en tarde no es tan malo para el organismo. En el centro de la plaza había una estatua de Frits Philips, el fundador de la empresa de productos electrónicos que lleva su apellido, y me hice varias fotos, entre ellas una imitando su gesto con la mano y los dientes sacados. Es el hermano gemelo del Sr. Burns y hasta tiene un montón de edificios aquí y el estadio de fútbol, así como el equipo local (PSV Eindhoven) llevan su apellido.
Después fuimos a un museo de arte contemporáneo, donde salvo honrosas excepciones que llamaron nuestra atención, era imposible pillar nada porque, evidentemente, las explicaciones estaban en neerlandés. Lo mejor del museo fue al salir, cuando pregunté por un vídeo que hablaba del conflicto racial en Holanda en el que salían términos en holandés. Terminé dándome cuenta que no es España un mundo alejado de Europa en cuanto a xenofobia y odios raciales... incluso en España se da más la bienvenida a los extranjeros que, por ejemplo, en Limburgo. Según la misma trabajadora del museo, Limburgo es la zona más radical a la derecha de Holanda, donde más xenofobia hay y, por ello, en el norte se dice entre amigos que hay que "cortar" Holanda y quitarse ese apéndice del sur que tan diferente es de ellos. "Que se lo lleve Bélgica o Alemania", dicen algunos.

Adjunto la imagen de una obra que sí me llamó la atención: el círculo de madera. Al museo le costó la friolera de 30.000€ en donaciones quedarse esa composición de ramas secas. En fin, si me hubieran pedido presupuesto...


No quedaba más en la ciudad que fuera interesante -salvo que incluyamos en esa categoría el mini-barrio rojo de la ciudad, que no llegamos a visitar-, así que vimos unos rascacielos, los edificios de Philips y un edificio extraño con forma de champiñón bastante grande. Eso sí, vimos una curiosa estructura de metal y cristal que recordaba al Louvre y las entradas del metro, que se parecían a las de Bilbao. 

Tras ver el estadio del PSV Eindhoven -el Philips Stadion, como no-, nos dirigimos a la estación de tren. Nos recogimos temprano, a las cuatro de la tarde, y yo estaba con una cojera tremenda. Me había empezado a doler el pie mientras íbamos hacia el estadio y el edificio con forma de champiñón -unos 3-4km de recorrido- y para colmo empecé a sentir molestias en el vientre... era el pie o la tripa y tenía que ir al servicio así que sacrifiqué el pie. De hecho, estamos a domingo y aún se me resiente un poco por el esfuerzo que hice aún doliéndome. No obstante, no podía hacer otra cosa: tenía que llegar a casa.

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