sábado, 22 de octubre de 2011

Paseo al anochecer

 Tras estar todo el día en casa en un apetecible sábado de buen tiempo, en el que no sólo no ha llovido sino que además el sol ha hecho que lleguemos por encima de los 10ºC -qué calor... para estar aquí-, quería dar una vueltecita en bici y, de camino, aprovechar el hándicap y la ventaja que supone ser el único de la residencia sin exámenes a partir del lunes. Hándicap porque nadie puede acompañarme, ventaja porque tengo más tiempo y, yendo solo, voy por donde quiero, a la velocidad que quiero -sin matarme- y sin rumbo fijo... sólo a los pedales y al manillar recorriendo esas llanas tierras en las que da gusto ir en bici. 

Pues bien, me puse por meta Lanaken, por escoger un sitio. No tenía intención de llegar allí, pues está a 5km, sólo dedar una vuelta, cansarme un poco y volver. Me miré antes de salir en el Google Maps cómo salir de la ciudad dirección Lanaken y a los pedales. De camino, por cierto, vi una feria de barriada con cacharritos -atracciones de feria-. Llegué a Smermaas -juro que hasta que he llegado no tenía casi ni idea de por donde iba, sólo sabía que no quería alejarme del canal y con ello me orientaba. A lo que iba, en Smermaas había un accidente de un autobús contra un coche en un cruce y giré a la izquierda, que me indicaba a Lanaken. A esas alturas quería llegar allí y volver por el mismo camino.

No sabía si había llegado a Lanaken, pero como sólo veía campo y los carteles de dirección me señalaban a todas partes menos Maastricht -excepto por donde había vuelto, a 8km- pensé en volver a casa pasando por Veldwezelt, una localidad pegada a la frontera.  En ello me puse y tardé mi rato en llegar, pero al fin pude cruzar el canal y volver a mi ciudad, Maastricht. No me llevé la cámara, así que no he podido hacer fotos de la travesía, pero de todos modos a la vuelta era noche cerrada... de poco servía. 

Finalmente, he vuelto a casa y, como no me llevé el móvil, no sabía cuánto tiempo había estado fuera. Gracias a mis mensajes de Skype calculé que había estado sobre el sillín 40 minutos -sí, sólo eso...- y gracias a Google Maps revisé mi ruta y han sido 12,5km -sí, también sólo eso...-. Por lo menos, me queda el consuelo de que ello me da una velocidad media de 18,5km/h, que es nada desdeñable. Y sí, he ido... ligerito. Será por la aerodinámica, porque sólo me llevé el pantalón del chandal, camiseta y sudadera, un gorro de lana y los guantes de ciclista. Pese a ello no pasé frío, ya que iba a buen ritmo y me mantenía a buena temperatura.

Aparcamiento para bicicletas

 He aquí una de esas calles que uno odia coger en bici. Más que nada, por los adoquines que le hacen a uno ir dando botes sin motivo... En cualquier caso, ése no es el tema de la entrada... sino el aparcamiento. ¿Quién se imaginaba que sin coche iba a tener problemas para aparcar? Pese a lo que dicen de que en los Países Bajos dejar la bicicleta encadenada a una farola es motivo para que la policía la retire, eso sólo pasa si lo haces delante de alguien a quien le toque el alma y se ponga a llamar. Vamos, que normalmente no pasa nada.

En cualquier caso, es curioso que hay aparacamientos privados en los que aparcan los funcionarios del edificio, los propietarios de una urbanización o los clientes de un hospital. Aquí, a la izquierda, se ve con mayor detalle la seguridad de las bicicletas funcionariales de los trabajadores del edificio donde daba clases de inglés. La verdad es que, estando a 400€ una bicileta decente y de primera mano, a nadie de apetece que se la roben. Por eso, yo mismo voy ahora con dos candados en vez de uno. Lo más importante aquí es fijarla a algo consistente del mobiliario público: cualquier ladrón tiene tiempo de llevarse la bici con la rueda bloqueada y luego desbloquearla en casa...

viernes, 21 de octubre de 2011

Prometí que mejoraría el menú

Hace poco publiqué el menú que me había preparado para cenar, comentando la alimentación de los estudiantes Erasmus a miles de kilómetros de sus casas y sin los cocidos de mamá. Prometí uno mejor, más elaborado o, al menos, más apetecible. Yo no sé si he cumplido para vosotros, pero mi estómago agradecido me ha pedido una señora siesta después de meterme en el cuerpo estas delicias para mi paladar.

Allá va el menú de este almuerzo:
  • Primer plato: Pipirrana
  • Segundo plato: Macarrones con tomate y queso
  • Bebida: Cerveza belga Martens
  • Postre: Pera

L'andalú

Trauzión debaho
Traducción debajo

Ay.. q'écho yo demeno mi keríoh andalú... Dehpué d'ehtá un mè'n Máhtrikt, puo decí cin problema qe'htí aprendiendo idiomah... ci, per'ar precio de n'ablá mi dialehto materno.

Aqí pu'ablá'hpañó, italiano, inglé... pero zomoh mu pocoh andaluceh por ehtah tierrah, ahí q'é una hartá difíci poé ablá'ndalú con'arguien. Ehta entrada va por mi Andalucía, zu zó, zuh playah... zu'rmorzura qe n'á tié qe vé con er má tiempo q'ace aqí tor día. De tóh modoh, yo me l'ó buhcao zolito y abrá qe zacá provecho de la'htancia n'ehta ciudá der norte d'Uropa. 

Y'ablando un poco de lo qe me va pazando... anoche me cohtó la mihma vía'ormí. M'eché una ciehta de cuatro'rah a partí de lah ciete y claro... qice emparmá con la noche y dormí'hta la mañana ciguiente. Er resurtao no púo cé otro qe qearme en vela dehpué lah doce. Y aqí ehtuve, ehkribiendo a lah tré y media de la noche con ganita de'ormí per'incapá de poé acerlo. 

Finarmente, e de decí qe no'htí mu acohtumbrao a'hkribí n'andalú máh'allá de l'ablao, pero me viá'ficioná me parece. Ar fin'iar cabo, eh mi dialecto y abrá qe poné una pica'n Flandeh pa q'argún día ce regularice la forma d'ehkribí "ehte'ehpañó'ntra'migoh" qe tenemoh.

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Ay, ¡cómo echo de menos mi querido andaluz! Después de estar un mes en maastricht, puedo decir sin problema alguno que estoy aprendiendo idiomas, sí, pero bajo el coste de no hablar mi dialecto materno. 

Aquí, la verdad, puedo hablar español, italiano, inglés... pero somos muy pocos los andaluces que estamos por estas tierras, así que se hace difícil poder entablar conversación en andaluz con nadie. Esta entrada va dedicada a Andalucía, su sol, sus playas... a esa hermosura que no tiene ni comparación con el mal tiempo que hace aquí siempre. De todos modos, yo sólo me lo he buscado, así que tendré que aprovechar mi estancia en esta ciudad al norte de Europa.

Y hablando un poco de sucesos... anoche me fue difícil conciliar el sueño. Me eché una siesta de cuatro horas, desde las siete hasta las doce, queriendo seguir durmiendo hasta la mañana. El inevitable resultado fue estar en verla cuando me desperté a las doce, de manera que estuve escribiendo a las tres y media de la noche, con ganas de dormir pero sin poder hacerlo. 

Finalmente, he de decir que no soy asiduo a escribir en andaluz, sino en todo caso a hablarlo, pero quizás me aficione a hacerlo de vez en cuanto. Al fin y al cabo, es mi dialecto y habrá que poner una pica en Flandes para que algún día se regularice la forma de escribir de este "español hablado entre amigos" que tenemos.

jueves, 20 de octubre de 2011

Banderitas

Como prometí esta mañana, he aquí las banderas de la zona. Empecemos con la de limburgo, que es la que hondea a la derecha. No tiene mucha complicación, está dividida en siete franjas horizontales siendo las tres superiores blancas, las tres inferiores amarillas y la de enmedio azul. Sobre ellas, un grifo sobre sus patas traseras. No obstante, cuando ondea en balcones y sitios oficiales se mezclan el amarillo, el azul, el blanco y el rojo del tal manera que da una tonalidad muy cercana a la bandera arcoiris. 

Por otro lado, tenemos la bandera de Maastricht. No sé si habría muchos soviéticos aquí cuando se instauró la bandera, pero no me digáis que no recuerda un poco al comunismo esa estrella de cinco puntas peligrosamente unida al rojo. 

En definitiva, unas banderas curiosas, con todo el respeto que se les debe. Al final las echaré de menos cuando pase un tiempo...

Amanecer en Maastricht

 Venga, vamos, levántate que puedes. Ése ha sido mi mantra hoy a pasadas las siete de la mañana y no es que sea un vago, que de hecho lo soy a veces y cuando no tengo nada que hacer, pero tampoco soy tan tonto como pasar frío gratuitamente.

Pese a que tenía ganas desde hace algunos días, aún no me había levantado por la mañana temprano para dar una vuelta en bici, así que hoy tocaba. El resultado es que me duele un poco la cabeza de haber saido sin gorro, pero la lección está aprendida. Como iba diciendo, me levanté tempranito y me tomé unas rebanadas de pan tostado con paté y un plato de cereales. No soy un glotón, sólo tenía que alimentarme bien para salir fuera, leches. Me preparé poniéndome la sudadera sobre la camiseta, pero si ya tenía fresquete sólo con ello en el piso prefería no saber fuera, así que me rendí a la evidencia de tener que empezar a usar chaquetón a diario. De hecho, con él se que no pasaré frío, porque si aguantó los -30ºC del norte de Suecia aguantará lo que le eche aquí. En efecto, lo más frío ha sido la cara y las orejas, que se me ha puesto cara de holandés montando en bici. Así tienen ese cutis... y esa cara seria. 

Cogí la bici, quité candado, salí fuera... allá vamos. Quería captar el amanecer, pero en pocos minutos me di cuenta de que aquí no sale el sol... sólo comienza a haber luz. Supuse la dirección en la que estaba saliendo el sol por el tono anaranjado del cielo en una zona, porque ver el sol directamente aquí sucede una vez a la semana. Me encaminé al puente del Albertkanaal, en Bélgica, pero desistí de aquella estampa para intentar subir a un monte desde el cual ver la ciudad. ¿Perdón? ¿He dicho monte estando en Holanda, donde el pico más alto es de 300m? Vi un "alto" en el campo de golf, pero no fui capaz de lograr la manera de subir así que empecé a explorar por una zona en un alto, a la esperar de lograr un sitio con panorámica. No lo encontré, pero sí pude echar la foto de arriba, que bien parece una postal -creo que me ha quedado bonita.- 

Con los deberes hechos seguí calle abajo y veía cada vez más críos en grupo... hasta que vi al menos a treinta de ellos juntos en bici pasando como por un embudo por una puertezuela: el colegio. ¡Qué monos, a 5ºC y en bici al cole! -y yo que me quejaba cuando hacía 10ºC y tenía que caminar 300m a pie...-. Seguí pedaleando para llegar a algún sitio, ya que estaba explorando nuevas zonas y nunca había visto esas calles. Pese a ello, conozco lo suficiente para no perderme, sobre todo sabiendo dónde están Tongeren, Hasselt, Lanaken... -ciudades cercanas-. Llegué a una zona que me sonaba y era Bastion Waldeck, cerca del río -joder, ¿tanto había recorrido por el barrio de Mariaberg?-. Crucé y pasé por mi facultad para volver al río, buscando una zona en la que había muchas banderas españolas. Para mi desgracia, ya sólo las hay limburguesas, de Maastricht y neerlandesas. Me vais a permitir que luego os comente las banderas... son algo curiosas. 

En el río junto al parque tomé dos postales más del río, una de ellas con el sol incipiente que demuestra fehacientemente que me he levantado temprano para tomarla. Hasta pillé a un ciclista en una y un barco en la otra... ¡qué cosas!. A la vuelta, como me gusta dar paseos, de la plaza Markt salí hacia la zona norte y bordeé la ciudad por su límite hasta llegar a mi barrio, donde me metí de nuevo para llegar a la residencia. Cuando llegué... eran sólo las 9. ¿Una hora en recorrer la mitad de la ciudad? Y yo que pensaba que había estado dos horas al menos... lo que hace el frío.

PD: He calculado la ruta y han sido unos 11km, que en una hora y contando las paradas dan una velocidad aproximada de 15km/h.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La predicción meteorológica me vacila

Como hoy el tiempo está más loco que en la película Los Leprechauns, me he puesto a mirar el tiempo para mañana a ver si es más aprovechable que el de hoy. Más que nada, porque cuando sale el sol pica como sus muelas y a ratos empieza a llover. Así no hay quien se decida...

Para colmo, al ver el tiempo de mañana y obviando las calurosas temperaturas que nos esperan -que nieve pronto, por favor, que en noviembre nieve ya...- resulta que tengo un curso que va de 13:30 a 15:30, lo cual quiero aprovechar para ir a la biblioteca a escanear el contrato de estudios. Como está a media hora de mi residencia, tengo que salir con tiempo y además sumar otra media hora de biblioteca. 

Pues bien, lo haga antes o después me va a pillar la lluvia. El tío del tiempo se ha propuesto joderme mañana el día...

La alimentación de los estudiantes Erasmus

Existe un mito... y he de decir que muy cierto, de que los Erasmus nos alimentamos como el culo. Va, en realidad es muy distinto, porque aquí hay cada chef que haría las delicias de más de una ama de casa. Desde un chico que cocina la pasta empezando por hacer la masa a otros que preparan no pocos tipos de ensalada pasando por recetas sencillas y ricas y otras complejas y más ricas todavía. No digo que tenga como compañeros a Arzak y Adrià, pero salta a la vista que el mito del estudiante que se alimenta a base de conservas y tuppers no funciona aquí. 

Por mi parte, he de decir que como pasta como un cosaco -igual la expresión debería ser como un italiano-, ya que la engullo a diario y a veces no me quedo en un plato por jornada. Por la noche me abundan las sopas. Eso sí, quiero ver como anda el pollo para variar un poco más a menudo, ya que pocas veces salgo de lo común, pese a que cocino varios tipos de pasta y, normalmente, de cuatro maneras distintas -vamos subiendo, hace un año sólo sabía una-. Eso sí, he aprendido a cocinar la carbonara italiana, receta sencilla que ya puedo sumar a mis juegos de pasta, ya que mi carbonara es diferente. 

Esta noche es uno de esos días que uno quiere cuidarse un poco y me he preparado la cena. Es decir, no he preparado algo y para adentro, sino que me he tomado mi tiempo para cenar bien. Ahí va el menú:
  • Primer plato: Sopa de fideos
  • Segundo plato: Pipirrana
  • Bebida: Rioja del 2010
  • Postre: Manzana
¡Bon apetit! (prometo hacer uno mejor más adelante)

martes, 18 de octubre de 2011

Noche Erasmus (II)


Después de recoger mis dos guantes y ponerme el chaquetón volví al piso a por una botellita de vino dulce español a medio gastar del otro día. El objetivo era llevarla a donde estaba todo el mundo... pero no sobrevivió tanto. Me cogí una latita de cerveza y a marchar. Pasé por el piso de Marina y Berta y fuimos en grupo a la habitación donde había guateque antes de salir. El vigilante de seguridad nos persiguió un poco y al rato se pasó por la puerta del piso y como preguntó si todo iba bien, Matteo Scarcia le dijo que todo iba perfectamente y que, como podía observar el nivel de ruido era aceptable. Nos dijo que así era y, como yo le pregunté si teníamos hora límite, él me dijo que todo lo que quisiéramos mientras nos mantuviésemos así. Perfecto.

 Salimos pasadas las doce y tras ver que el centro estaba muerto nos fuimos al Highlander. A las dos salimos de allí en tropa junto a la marabunta Erasmus que se dirigía al Alla empezando a llenarlo en un 1/3. De hecho, diría que mínimo el 50% de los que estaban allí eran españoles... y se notaba cuando sonaba Danza Kuduro. Somos inconfundibles porque, al entender la canción, somos los únicos que levantamos las manos cuando suena el estribillo. Eso sí, algún que otro holandés intenta copiarse el movimiento con más o menos éxito. Tras dos horas y media bailando casi sin parar, tocaba volver a casa. Marina fue en la parte trasera de mi bici con mayor o menos fortuna, dependiendo de cómo cogía los numerosos badenes y baches del camino. Me pidió la cámara para ir viendo las fotos de la noche -43 en ese momento- y aprovechó para hacer un pequeño reportaje ciclista y grabar un vídeo del tour, aunque se ve oscuro en la mayoría del tramo por la ausencia de farolas. Hay que repetir el filme.

Echando el guante a la nueva bici

Aunque la compré hace ya diez días, no he podido coincidir con la cámara, mi memoria a punto y en el garaje para echarle una instantánea a mi nuevo vehículo. De hecho, para quien haya reparado en ello, es con esta bici con la que tuve el accidente del martes pasado.

Como se puede ver en la foto, ésta es negra, más bonita y consistente que la anterior. Puse especial hincapié en que la cadena estuviera recubierta y que los guardabarros no estuvieran medio sueltos. Además, puedo cargar pefectamente en la parte trasera sin miedo, pues ya he llevado acompañante tres veces y no he tenido ningún percance. A ello ayuda la anchura de las ruedas, que es superior a las de la anterior, a la vez que planas en su superficie. Eso me da mayor estabilidad en línea recta, aunque la suavidad de los frenos -imposible frenar de golpe- y la forma de la cubierta me impide hacer filigranas en curva, como ya atestigua la palma de mi mano izquierda. Por cierto, va mejorando gracias al tratamiento.

Ayer, tras estar todo el día encerrado en casa, decidi aceptar la oferta de salir a tomar una cerveza y bailar. Al fin y al cabo, pronto estaré hasta el culo de trabajo y como soy el único que está sin hacer nada para la Universidad de Maastricht mientras que todos los demás preparan los exámenes me encuentro en la tesitura de que la cantidad de tiempo libre varía sustancialmente y, por ende, me resulta imposible quedar para hacer nada. Por todo ello, me decidí a salir aún sin tener unas ganas inmensas. Eso sí, mereció mucho la pena.

Lo gracioso es que cuando fui a salir me puse a buscar mis guantes de lana... y no aparecían por ninguna parte. En el chaquetón, las dos cazadora, los cajones... nada. Se me vino a la cabeza una locura: no podía ser. Salí escopetado del piso y me fui al garaje del sótano. Si lo había dejado allí, allí debía estar. A veces se me cae el guante cuando le pongo la cadena a la bici e igual lo había dejado tirado. En efecto, allí estaba junto a la bici, esperándome tras 48 horas de oscuridad y soledad junto a las demás bicis. Aunque es bueno, a nadie se le ocurre coger un solo guante tirado en el suelo.

lunes, 17 de octubre de 2011

Mi tacita de vaca

No ando solo por estos lares... me acompaña un ser de cerámica adornado a dos colores, de curvas generosas y con un gran corazón. No hablo de otra que de mi tacita de vaca. 

La conocí en el Blokker, una tienda de "todo para el hogar" típica de aquí. De hecho, el Hema causa tanto furor en los Países Bajos como el Ikea entre los suecos. Al principio, mi relación con la tacita de vaca -my cow cup, como también suelo llamarla- no pasaba de un café cada dos o tres días. Cuando el tiempo se puso malo aumentó la frecuencia a dos o tres tazas, según hubiera nubes, lluvia... con sol menos. Gracias a ella pude continuar un poco mi novela en español y a la luz de la inspiración que me brindó también he empezado una italiano -estoy esperando a que suelte un poco más para continuarla-. 

Mi tacita de vaca, que en realidad es una taza bastante grande, cumplía con los deberes normales de una taza cualquiera... hasta que llegó el día que lo cambió todo. Era un miércoles cualquiera, salvo por el detalle de que tenía jodida la mano por el accidente. Arminda me invitó a una cena de pasta carbonara que unos italianos estaban organizando en su habitación, pidiéndome sólo que aportara 2€ como todos los invitados para sufragar el coste total y, a poder ser, un vaso y un tenedor. Más tarde, don Matteo Scarcia me hizo subir de nuevo a por una sartén, pero ésa es otra historia. El caso es que... en el pequeño mueble bajo la encimera estaban los vasos, pequeñas tazas blancas... y ella. Al fondo, esperaba tímida a volver a ser usada, con la paciencia de quien sabe que, aunque te alejes, volverás a ella. Lo pensé un poco... sabía que era arriesgado presentarla en sociedad. No quería herir sus sentimientos, pero podía ser rechazada por ser diferente a los demás. Finalmente, me arriesgué y la llevé conmigo, sin importarme lo que pudiera pasar. Para agradecérmelo, me llevó el tenedor durante el trayecto hasta la habitación de Arminda. 

Tacita de vaca socializándose
Durante la cena, captó la atención de no pocos comensales, aunque la recibieron con alegría y se sintió tan a gusto que me sirvió unas cuantas copas de vino portugués mientras me comía los espaguetis.
A partir de entonces, ya no tiene miedo a acompañarme en los eventos sociales y ayer por la noche vino conmigo a una segunda cena de pasta a la carbonara en la habitación de Arminda. En la foto se la ve pletórica sentada a la mesa y plenamente integrada en la conversación. Espero que, ahora que es público, no haya obstáculos para pasar unos meses estupendos... si bien estoy pensando en llevarla conmigo a España y presentarla a mi familia y amigos.

PD: Obviamente no me he vuelto majara, sé que estoy hablando de una taza... pero me apetecía hacerlo de una forma más literaria de lo común. Espero que haya quedado una entrada divertida y amena.Y, por cierto, en la segunda cena, doña Arminda me hizo ir a por unos vasos y luego don Federico a por una sartén. Estoy empezando a pensar en tomarlo como una tradición.

Leperos por el mundo


 Como ya había dicho sobre mi visita a Utrecht -por cierto, la grafía "cht" se pronuncia como "kt" en neerlandés-, firmé simpáticamente el libro de visitas con mi procedencia, afirmando "Aquí ha estado un lepero". Pues bien, sorpresas que da la vida... otro lepero ha estado por estos lares y dejó también su huella, aunque en Maastricht, donde vivo.

La bandera a la cual le eché la foto está en la primera planta del Alla -o Allebonneur-, un local de moda cercano a la céntrica plaza de Vrijthof -se pronuncia "fráitof" que en las preferencias de grupo desbanca habitualmente al resto de opciones... por no decir que solemos terminar allí incluso cuando vamos a otra parte inicialmente. Pues bien, en la primera planta del Alla están los aseos y el guardaropa y, en éste último, hay un sinfín de fotos y una bandera española firmada por no pocas personas. 

Estaba yo tan tranquilo mirando la bandera a ver si veía alguna firma en español -la mayoría están en inglés- mientras esperaba mi turno cuando de repente me quedo helado, pego un respingo y suelto con toda mi españolidad andaluza "pero qué cojones...". De hecho, me acerqué con tanta vehemencia y asombro a la bandera que creo que asusté un poco a dos chicas que estaban en una mesa contigua charlando. En la bandera, como se aprecia, consta el nombre de Lepe y prometo que ésta vez no he sido yo, aunque obviamente me ha alegrado muchísimo ver esa firma. También se aprecia una pequeña queja normal, "por una birra más barata desde Huelva", y es que el botellín o vaso de cerveza Heineken de 25cl cuesta 2,5€ en cualquier sitio frente al 1,5€ de costumbre en España. Eso sí, hay sitios peores. Según me han dicho, en Turín (Italia) el precio oscila entre los tres y cuatro euros y si nos vamos a Tesalónica (Grecia) se dispara hasta los cinco y seis, costando lo mismo que un cubata. Y hablando de cubatas, suelen estar a 5€, pero los vasos son diría que de 20cl y no lo llenan de alcohol al 50% como aquí -después de echar los hielos, claro-, sino que se quedan en un exiguo 20-25%.

domingo, 16 de octubre de 2011

Fiesta a la española

Botellas de vino, vasos y un plato de salpicón de marisco.
Hoy tocaba. Después de todos los preparativos, por fin llegaba el domingo y la prometida fiestecilla a la española. Tras dos horas preparándolo todo en las cuales cambié la organización de mi habitación -como suelo hacer para cada fiesta con el salón donde se celebre-, empecé a preparar el salpicón de marisco al tiempo que llegaban los invitados. Tuve la mala suerte de ir muy justo de tiempo y al final terminé preparando todo cuando llegaban... y eso que se suponía que tenía que estar todo listo. Por suerte fueron pacientes y hasta tuvieron el detalle de esperar a que yo terminase con todo ya sobre la mesa. 

Salpicón y, al fondo, pipirrana.
Como se ve en las fotos, aunque las eché bien avanzado el guateque, había salpicón de marisco, aceitunas rellenas de pimientos y pipirrana, con picos para acompañar. De bebida, tinto de verano, dos botellas de vino dulce y un rioja del 2010.
Desde la izquierda, Sophie, Arminda y Lilia.

Tradiciones que no hay que perder

 Esta mañana me he levantado con una tempranería traicionera. Pese a haberme acostado a la una de la noche, con el consecuente pico, a las ocho de la mañana mis ojos se obstinaron en despertarse. Aún desconociendo la hora pero al tanto de que no había sonado el despertador, intenté en vano resistirme a la lucha de mi cuerpo de despertarse. Al segundo intento, cedí. Al fin y al cabo no hace daño levantarse más temprano de lo habitual de vez en cuando... y así me entretenía un poco antes de prepararlo todo para el almuerzo.

Tras espabilarme un poco, me enfundé en mi batín y me preparé un cafelito. Como el día está estupendo, salí al pasillo para que hiciera las veces de balcón... ¡cuántos cafés cayeron el año pasado en el balcón del piso antes de ir a clase! En la foto me falta mi amigo Dima, con quien solía compartir las tertulias matutinas y nocturnas a la compañía de unos cafés o unas cervezas -y para colmo de las melancolías no se me ocurre otra cosa que ponerme a escuchar una lista de reproducción preparada para una de las fiestas que organizamos-. 

Como puede apreciarse, a las nueve de la mañana hace la misma luz que en España a las diez... y es que aunque es la misma hora por imperativo legal, el sol es inexorable -como la muerte y Hacienda- y aquí amanece y atardece una hora antes, lo cual provoca irremediablemente que a media tarde -sí, para mí las siete es media tarde; la noche empieza a las diez- anochezca.

Puestos a empezar bien el domingo, tocaba terminar el café dentro, ya que por muy buen tiempo que haga, con una humedad bajísima -66% y demos gracias- y sin apenas viento -14km/h-, tan sólo hay 7ºC fuera, algo que con mi pijama de verano y el batín sólo puedo soportar a gusto durante un par de minutos.

En mi habitación, como cada mañana, el café ayuda a digerir las noticias de la prensa online. Demasiado gusto le tengo a ver el periódico tomando el café... estoy hecho un viejete. En concreto, no se ve muy bien pero en la foto aparece un artículo del New York Times con una foto del INEM. Y, por cierto, se entiende que cojo la taza con la mano, aunque por la composición de la instantánea parezca que la sujete con la boca. 

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